Ana Franchi: «Tenemos que demandar una actitud más solidaria de las grandes corporaciones»

Compartimos las palabras de Ana Franchi para SOLIDARIDAD – Volumen 2

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Ana Franchi

Presidenta del CONICET. Desde diciembre de 2019 preside el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Es Investigadora Superior de ese organismo y directora del Centro de Estudios Farmacológicos y Botánicos (CEFYBO, CONICET-UBA). Doctora en Química Biológica por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). También preside la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología (RAGCyT) y se especializó en la situación de las mujeres en los organismos de Ciencia y Tecnología. Integra el grupo Ciencia y Técnica Argentina (CyTA).

Las políticas públicas de Ciencia y Tecnología son parte de su momento histórico. Viven las tensiones, las disputas y sufren las marcas de su tiempo. ¿Cómo caracterizas este momento de la Ciencia y la Tecnología en la Argentina?

Decididamente es un momento complejo para la ciencia y la tecnología en la Argentina. El voto al Frente de Todos tuvo una parte importante de nuestra comunidad con las esperanzas puestas en recuperar todo lo perdido en los cuatro años del Gobierno de Cambiemos. No nos olvidemos que perdimos casi un 40% de los salarios, un 30% del presupuesto para ciencia y tecnología, menos cantidad de becas y muchos jóvenes que no entraron a las carreras, etc.

Se asumió a mediados de diciembre del año pasado e inmediatamente hubo medidas concretas, importantes, señales al sector. Tuvimos un aumento escalonado de los estipendios de las becas, 52% en el caso de las doctorales, 49% en el caso de las posdoc, un 15% más de becas en general, un 57% de aumento en los ingresos a la carrera del investigador, 300 vacantes para la carrera de CPA. Todo eso sumado al trabajo para revertir el destrato sufrido durante los años de Cambiemos, donde se preguntaban algunos si era necesario financiar la ciencia, que también fue un cambio muy importante.

Desgraciadamente a mediados de marzo empezó este fenómeno mundial, esta pandemia que ha afectado a todas y a todes, y quizás no se pudo continuar con algunas de las cosas que se fueron recuperando. Sí tuvimos en estos últimos días noticias de 750 millones de pesos que se van a entregar en equipamiento, que eran convocatorias que habían ocurrido también durante el Gobierno de Cambiemos y que no habían sido financiadas. Un aumento en una parte de los subsidios a agencia y varias cosas más.

Entendemos que el COVID-19 ha establecido dinámicas específicas que dan cuenta de la potencia del sector estatal de la ciencia y técnica. ¿Qué lecturas haces de esa experiencia?

Decididamente el COVID ha establecido dinámicas distintas. Claramente demostramos que algo que dijimos en estos cuatro años era válido. Hacía falta un sector científico tecnológico fuerte, preparado para responder a algo que no sabíamos que podía suceder. Y vino el COVID. En esta situación tan triste, donde perdemos seres queridos, donde hay un impacto claro en la economía, donde muchas personas en la Argentina no tienen un salario a fin de mes como sí tenemos los estatales. En estos momentos, la comunidad científica -y hablo de todes: investigadores, investigadoras, técnicos, técnicas, becarios, becarias y personal administrativo- supimos responder.

Primero manteniendo el CONICET en funcionamiento, gracias a nuestros compañeros y compañeras administrativos que no dejaron de hacerlo y se hicieron los llamados a becas, ingresos, carreras, informes, etc. Por otro lado, una parte importante de la comunidad pudo disponerse a investigar en temáticas que ayudaran a resolver este problema nuevo, insólito, inédito. Y ahí tenemos el desarrollo de los kit diagnósticos, los avances en posibles terapéuticas, en equipamiento necesario para atender a los enfermos, como los respiradores. Pero también a nuestros investigadores e investigadoras de nuestras ciencias sociales humanas, viendo cómo impacta la pandemia, cómo impactan las condiciones de aislamiento preventivo, cómo impacta en la vida familiar, en las poblaciones originarias, en los ancianos, en la enseñanza, en cómo va a repercutir en la economía.

Todos y todas estuvieron dispuestos a responder a esto. Y creo que si tengo que leer qué es lo que pasó, me parece que demostramos la necesidad de este sistema científico y tecnológico que pudo responder. Nos demostramos a nosotros mismos que podíamos, porque estamos preparados, porque la formación de un investigador o investigadora, de un personal técnico o administrativo de ciencia y tecnología lleva años, y esos años nos prepararon para responder a esto, y lo pudimos hacer. Podemos responder a problemas específicos.

¿Cuál considerás que es la contribución que puede tener la investigación científica y el desarrollo tecnológico a un proyecto de crecimiento nacional con inclusión social en la Argentina? En este sentido, ¿hay algún aporte específico que te interese destacar?

Creo que todo eso es algo muy importante para contribuir al crecimiento nacional con inclusión social. Porque nosotros podemos contribuir a ayudar a resolver problemas. Por ejemplo, antes de que se desatara esta pandemia hubo una convocatoria desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación relacionado con el hambre. Ustedes saben que se recibió un país donde había un 40% de pobreza donde había hambre. Y hubo más de mil personas que presentaron proyectos asociados a temas relacionados con el hambre. Desde el agua potable, el transporte de alimentos, los alimentos saludables, etc. Y seguramente este es un tema que se tomará cuando podamos corrernos un poco del tema COVID.

Podemos contribuir por supuesto a un cambio en el reemplazo de importaciones, hay muchas cosas que se importan y que con ayuda de nuestros grupos de investigación, de las PyMEs y demás, podrían ser reemplazados, podríamos mejorar lo que se exporta para que no sean sólo productos primarios. Podemos contribuir a políticas públicas en Salud, en Educación. A iniciativas para llevarnos a ser un país mejor, un país soberano y donde la gente viva mejor. Y eso decididamente no puede ocurrir sin inclusión social, que es parte del objetivo principal.

Desde el Gobierno Nacional y desde diversos sectores sociales se empieza retomar la idea de solidaridad como un valor relevante. ¿Percibís que en el campo específico de la Ciencia emergen también discursos y prácticas atravesados por este valor?

Yo creo que el tema de la solidaridad ha comenzado a hacerse cada vez más fuerte dentro del Gobierno nacional y los sectores sociales. Esto fue en parte lo que empujó al voto al Frente de Todos, claramente. Y también empieza a aparecer en la Ciencia y la Tecnología, sobre todo cuando hablo con investigadores e investigadoras jóvenes que me dicen “yo quiero hacer algo que esté relacionado con lo que pasa”.

También en la demanda, hemos recibido personalmente y ahora virtualmente a intendentes, intendentas, gobernadores, gobernadoras que nos dicen: “Tenemos tal o cual problema, queremos invertir y estar relacionados con la ciencia y la tecnología argentina, los ministerios”. Son problemas que obviamente están muy relacionados a la injusticia social que existe en la Argentina y cuya resolución no puede partir sólo de la ciencia y la tecnología, y donde tampoco podemos ignorar a los grandes grupos sociales, cooperativas, que han estado trabajando formal o informalmente tratando de resolver problemas, porque es entre todes que tenemos que ir para adelante.

Consideramos que la idea de solidaridad se opone a los valores del mercado y a las prácticas de la competencia. ¿Es posible pensar entre las fisuras que deja el cientificismo, las patentes y las corporaciones, una ciencia que se funde en la solidaridad?

Creo que son temas muy complejos y que no podemos resolverlos solamente desde la Argentina. Ahora estamos hablando del tema de la famosa vacuna contra el COVID. ¿Esa vacuna tendría que tener patente si funciona? En mi opinión no, y en la opinión de muchos pensadores, economistas, científicos, tampoco. Recuerden que la vacuna Sabin no tuvo patente. Ante la epidemia de poliomelitis de los años ‘50 donde fallecieron muchísimas personas y otras quedaron con daños permanentes, Sabin dijo “no se puede patentar el sol”.

Por supuesto que es muy difícil que tomen esta decisión con las grandes corporaciones médicas que en el mundo forman cárteles. Pero la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud están pidiendo que si existe una vacuna tiene que ser accesible para los países pobres, y eso es fundamental porque este es un virus que no ha tenido ninguna preferencia por país, clase social, género. Es un virus que está matando en el mundo ya a más de 700 mil personas, y por supuesto además perjudicando claramente las economías de todos los países, pero como siempre los más pobres son los más perjudicados.

Entonces sería genial por lo menos entrar en discusión con las patentes, con las corporaciones, sobre cómo seguir adelante. Porque este es un virus respiratorio. Hace 3 o 4 años tuvimos otra pandemia no tan complicada, con otro virus respiratorio. Estas cosas se pueden repetir, la solución no está a la vuelta de la esquina, entonces una actitud más solidaria de las grandes corporaciones es difícil pero la tenemos que demandar.