“Debemos convertir la lucha ambiental en una bandera de las grandes mayorías”

“Debemos convertir la lucha ambiental en una bandera de las grandes mayorías”

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Mercedes Pombo tiene 20 años y es una de las jóvenes más destacadas del activismo ambiental. Feminista, estudiante de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, referente de Jóvenes por el clima, secretaria de medio ambiente del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, Pombo se mete en el debate sobre el valor de conceptos como el de solidaridad y plantea la necesidad urgente de construir desde lo colectivo: tejer redes con organización y actores sociales y entrelazar discursos y reivindicaciones para convertir la discusión ambiental en “una bandera de las mayorías”.

Por Santiago Galeano y Nana González Rehermann.

Cuando pensás en solidaridad, ¿con qué conceptos, prácticas y discursos lo asocias?

Lo asocio a la construcción colectiva. En un momento donde se apunta al individuo como  el responsable y quien puede solucionar, a través de la suma de las partes cualquier problemática, construir lazos de solidaridad y pensar en acciones desde un colectivo me parece una condición necesaria para pensar en una sociedad más solidaria.

La falta de solidaridad respecto al mundo que heredan las generaciones que vendrán los lleva a tomar la voz y la calle para hacer llegar estas demandas ambientales urgentes. ¿Cuál es su mirada sobre la situación ambiental en Argentina y su relación con el concepto de solidaridad?

Una práctica solidaria -y necesaria- es buscar terrenos de unión con otras organizaciones y actores sociales. Ahí la problemática socioambiental como una de las grandes problemáticas de nuestra era, que necesariamente tiene que ser una bandera de las grandes mayorías, tiene que ser una cuestión central para articular y llegar a un consenso social.

Jóvenes por el clima sostiene la necesidad de construir una interseccionalidad de luchas con las organizaciones sociales, con los pueblos originarios, ya que están en la primera línea de defensa de la cuestión ambiental. ¿Cómo se lleva adelante esa articulación?

La interseccionalidad se tiene que dar reconociendo a esos actores como protagonistas de sus propias luchas y entrelazando discursos y reivindicaciones. En este sentido, en 2019 el ambientalismo tradicional concluyó con los nuevos colectivos juveniles y sociales no solamente en espacios físicos como en las manifestaciones masivas contra el cambio climático, sino que también coincidieron en reclamos y reivindicaciones como el rechazo al decreto que flexibiliza el ingreso de residuos tóxicos al país y la lucha, junto a cartoneros y cartoneras, en contra de la modificación a “la ley de basura cero” que habilitó la incineración de residuos.

En sus palabras: “La solidaridad de los movimientos sociales debe ser la batuta que conduzca la política del abastecimiento alimentario” ¿Podrías detallar ese proceso?

La soberanía alimentaria, entendida como la capacidad de los pueblos para definir sus propias políticas agroalimentarias, no es un horizonte posible sin la articulación con trabajadores y trabajadoras de la tierra y organizaciones de la agricultura familiar.

El 60% de lo que consumimos proviene de pequeños y medianos productores, mientras que el modelo basado en la concentración de tierras en pocas manos, por el paquete tecnológico asociado, no sólo no está orientado al abastecimiento alimentario sino que agudiza el proceso de erosión y desertificación de los suelos. Esto en el marco de una crisis climática a nivel global que tiene como consecuencia una disminución creciente en la productividad de los suelos, con lo cual de transformar el modelo productivo vigente junto a los movimientos sociales depende la seguridad alimentaria de las generaciones futuras.

También dijiste que «lo ambiental es indisociable de lo social y profundiza todas las desigualdades pre existentes”. ¿Porque esto es así?

Esta es una problemática que afecta transversalmente a toda la sociedad, pero fundamentalmente a los sectores históricamente más postergados, al ser quienes menos herramientas tienen para enfrentar las distintas catástrofes y problemáticas ambientales y que, paradójicamente, son quienes menos contribuyen a la hora de provocarlas. La solidaridad y búsqueda de justicia social es también es la clave para poder persistir como humanidad: según la comunidad científica a nivel internacional las políticas públicas orientadas a disminuir la desigualdad son en sí mismas políticas de adaptación al cambio climático.

Proclaman la construcción de un ecologismo popular y americanista. ¿Qué características tiene esta mirada?

Consiste en la búsqueda de construir un ambientalismo situado, que tome en cuenta el proceso histórico de Latinoamérica, así como sus problemáticas y necesidades específicas que atraviesan a las problemáticas socioambientales. También es fundamental reivindicar las expresiones de lucha autóctonas, entendiendo que son las que expresan, justamente, esta perspectiva ambiental anclada al contexto latinoamericano.

Los grupos concentrados de poder son los generadores del mayor daño al ambiente. ¿Qué articulaciones, qué tramas solidarias están tejiendo desde su organización para hacerles frente?

Entendiendo que la profundización de este proceso es lisa y llanamente el sacrificio consciente a las grandes mayorías, el horizonte tiene que ser un consenso lo más amplio posible con todos los sectores de la sociedad. Incluso hay sectores del poder fáctico que, si bien tienen más herramientas para enfrentar estas problemáticas, se van a ver inmensamente perjudicados en términos materiales y simbólicos por las consecuencias de la crisis climática. La unión tiene que ser de la humanidad en defensa de sí misma.