El Trabajo como Derecho Humano

El Trabajo como Derecho Humano

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En pleno auge neoliberal, el 7 de octubre de 1999 la Organización Internacional del Trabajo elaboró un concepto: Trabajo Decente. En tiempos de avance la desigualdad, desintegración social y flexibilización del empleo, la definición otorga contenido específico a un término tan popular entre todes nosotres como es el de Trabajo Digno. Esta elaboración implica la asunción de compromisos por parte de los Estados y el posterior acuerdo de ejes estratégicos (en la Declaración del 2008, sobre la justicia social para una globalización equitativa) para poder avanzar en la ambición del Trabajo Digno.

Actualmente, en el contexto de una progresiva salida de la pandemia mundial que retrajo duramente las economías nacionales y, a su vez, impactó desigualmente sobre los sectores más desfavorecidos; en una Argentina luego de cuatro años de gobierno de Mauricio Macri (gobierno de CEOs que hizo del desempleo, el ajuste salarial y la persecución política y gremial un eje central de su política) entendemos primordial en esta nueva etapa retomar los ejes fundamentales del Trabajo Decente: Empleo, Protección Social, Diálogo Social y Derechos Fundamentales en el trabajo.

En estos últimos dos años, encontramos avances significativos en cuanto a los últimos tres ejes. No es la idea extendernos en los mismos, pero podemos mencionar escuetamente que la protección social en Argentina continúa siendo una fortaleza en relación a los amplios sectores de la población cubiertos (incluso la respuesta y el refuerzo de nuestros sistemas de salud durante la pandemia han sido más que satisfactorios en cuanto a su cobertura). El diálogo social y los ámbitos de la negociación colectiva (paritarias y consejo del salario) han visto fortalecida su institucionalidad (contraria a la persecución sufrida durante el macrismo, principalmente a través del despido de estatales por razones políticas). En cuanto a los derechos fundamentales, libertad sindical, eliminación del trabajo forzoso, abolición del trabajo infantil y eliminación de la discriminación, se han mostrado avances en materia de políticas de empleo y protección con perspectiva de género (la sanción del cupo laboral travesti trans, el programa “Registradas”, etc., son claros ejemplos).

Ahora bien: el eje de empleo -que se encuentra compuesto por gran cantidad de Convenios de OIT- implica el compromiso de los Estados para la generación de trabajo productivo, con libertad de les trabajadores para escogerlo y para formarse. Este eje es sobre el que mayores dificultades encuentra el gobierno en la actualidad, entendiendo que se espera mejorar el empleo sin sacrificar derechos laborales y que, estas propuestas realizadas por la oposición, como la eliminación de la indemnización por despido, el impulso de la “mochila austríaca” y la modificación de la Ley de Contrato de Trabajo, violentan los principios del Trabajo Decente. Se hace insostenible para les trabajadores el efecto negativo de la suba de precios en la tan buscada recuperación de los ingresos (el salario mínimo en 2021 a pesar de su recuperación, continúa siendo un 32% menor al de 2015). En el mismo sentido, la progresiva recuperación del empleo a los niveles anteriores a la pandemia, se produce de forma desigual: mujeres y jóvenes continúan quedando por fuera.

En este día de jornada mundial por el Trabajo Decente, reafirmamos que no basta con el esfuerzo diario de les trabajadores. Es necesaria la asunción de las responsabilidades inscriptas en la declaración del año 1999 por parte de los sectores patronales, quienes deben hacerse cargo de sus competencias para un modelo de desarrollo que no profundice la desigualdad y que se proponga sostenible.

Romina Piccirillo