“Hay que hablarle a los empresarios con el bolsillo: el que trabaja menos produce más”

“Hay que hablarle a los empresarios con el bolsillo: el que trabaja menos produce más”

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Argentina es “campeón del mundo en horas trabajadas”, dice Héctor Recalde. En el países todavía rige una ley de hace más de 90 años que establece un régimen de 48 horas semanales, muy por encima de otros países de la región y el mundo. El abogado laboralista y ex diputado nacional propone llevar al Congreso el debate de la reducción de la jornada laboral y obligar a las diferentes fuerzas políticas a tomar una posición en el tema. En el siguiente texto compartimos su exposición en el conversatorio “Crisis y políticas laborales”, organizado por la Fundación Germán Abdala.

Nosotros tenemos que brindar un futuro con alguna promesa de esperanza frente a esta pandemia y a esto que está sucediendo en el mundo entero. La filosofía china dice que la crisis también es oportunidad. Esto tiene que ver con la duración de la jornada, si se está trabajando menos. Porque así como queremos distribuir con más equidad la riqueza, ¿por qué no distribuimos con más equidad los puestos de trabajo existentes? No es el derecho laboral el que genera o destruye empleo, como algunos, en la época del auge de la flexibilización laboral, echaban la responsabilidad al derecho de los trabajadores de la destrucción de los empleos. Para mostrar mi pluralidad ideológica lo cito Bill Clinton: “no es el derecho del trabajo que destruye el empleo, es la economía” Es la política económica. 

Yo propuse -como diría el poeta Belisario Roldán- tímidamente reducir las jornadas de trabajo de 48 a 45. Me la paso haciendo autocrítica: ¿cómo puede ser que si fuimos gobierno, tuvimos mayorías, no logramos reducir tímidamente de 48 horas a 45? Nunca alcancé a comprender las razones, cuál fue la fuerza poderosa que impidió que se concretara algo que es de sentido común. Cuántas compañeras y compañeros están trabajando 45 horas semanales, nueve horas por día durante 5 días. También habría que revisar las 36 horas semanales, porque los sábados, ¿cuánto trabajan? A lo mejor tendrían que ser 32.

Hace mucho tiempo escribí en el Cohete a la Luna que somos los campeones del mundo en cantidad de horas trabajadas y estamos rigiéndonos por una ley que tiene casi 100 años, es la ley 11.544 del año 29, de Hipolito Yrigoyen. 

Como dice el bolero: “qué nos sucede vida, que no lo logramos”. Tenemos que hacer autocrítica en ese sentido, ¿que pasa? ¿por qué no? Si diéramos ese debate en el Senado tenemos mayorías y no habría problemas, pero en la Cámara de Diputados podemos dar ese debate. Este año electoral es una oportunidad brillante para dejar al desnudo qué posiciones tienen los partidos políticos con representación, fundamentalmente en la Cámara de Diputados. ¿Por qué el movimiento obrero no se lo pone como bandera?

Las razones tienen que ver con el rendimiento decreciente, diría un economista, “la productividad va a ser menor”. Tiene que ver con la situación psicológica, la salud, los accidentes de trabajo, la reducción de la jornada tiene unas consecuencias magníficas. El salario no es solamente costo laboral, además es consumo e inversión el salario. Son discusiones culturales que tenemos que dar, tenemos que militarla. Este es un momento de muchísimo sentido de oportunidad. 

Cuando uno piensa en el rendimiento decreciente… la cantidad de enfermedades profesionales y accidentes de trabajo que se evitarían. Me hace acordar a una anécdota juvenil mía: allá por la década del 60 estuve cuatro días de trabajo con Perón, no en Puerta de Hierro, en las oficinas con Jorge Antonio. Una vez tuve la influencia juvenil de preguntarle al General para él cuál era la mejor ley laboral. Saben lo que me contestó: la que haga cumplir las leyes que existen. 

A ver si alguien cree que se está cumpliendo la ley de jornada de trabajo, vieja vetusta, modificable. Realmente no se está cumpliendo. ¿Qué pasa con la cantidad de trabajadores y trabajadoras no registrados que tenemos? Yo propuse alguna vez una vía elíptica para tener una especie de inspección de policía del trabajo popular nacida de la víctima, del propio trabajador que no está registrado.

Nosotros tenemos un subsidio por desempleo, lo cobra el trabajador registrado. El trabajarador en negro, ¿no tiene derechos? Hay que reconocer el derecho y evitar un fraude laboral, porque cualquiera diría “trabaje ahí y vengo a cobrar el subsidio”. Tiene que probarlo, con una declaración jurada sería un delito de defraudación, de estafa, si miente. Le damos subsidio al trabajador no registrado, estamos satisfaciendo un derecho que existe, que no se le reconocía pero existe.  Logramos que este compañero haga una declaración jurada y diga donde laburaba. Está ayudando a fiscalizar el cumplimiento de la normativa vigente. Entre la norma y la realidad hay un divorcio tremendo en nuestro país. Y sobre todo buscar la participación 

El teletrabajo, por ejemplo, tiene su ventaja pero también hay que tener muchísimo cuidado. El derecho a desconexión, por ejemplo, es una cosa muy difícil de practicar. Salió una buena reglamentación que parte para ver cuál es la voluntad del trabajador y se habla del consentimiento. No podemos vivir en una burbuja y hacer la abstracción de la realidad, ¿de qué consentimiento me hablan? ¿Cuándo el trabajador en relación de dependencia obtiene un libre ejercicio de su voluntad para expresar y discutirlo con el empleador? Para eso está el sindicato y está el Estado. Ese consentimiento que está en la reglamentación, es una norma vigente, tiene que tener acompañamiento o del sindicato o del Estado. 

La reducción de la jornada: hay varias vías para hacerlo. Hay que resaltar la importancia que tiene hablar con el corazón y con el bolsillo. Recién lo decía Roberto (Pianelli), evidentemente el trabajador que trabaja menos produce más, tiene menos accidentes de trabajo. Hay que hablar también con el bolsillo. Aumenta la productividad de los empresarios.

Hoy hablaban del banco de horas, un proyecto absolutamente patronal. Establecía una reglamentación -que por suerte abortó- 2.400 horas anuales; 2.400 horas anuales es una mujer o un hombre que trabaja 200 horas durante 12 meses.Se habían olvidado que en esos 12 meses hay vacaciones. El precio lo pagaron los jubilados, porque cuando sale la reforma jubilatoria en 2017, la explosión popular que hubo paró la reforma laboral que había mandado Macri, que estaba en el Senado. Cuando el pueblo participa, cuánto más participa mejor son los son los resultados.  

La desigualdad que hay entre hombre y la mujer, que está ganando 26 o 27 (por ciento), en promedio, menos que el hombre… Va a ser muy difícil lograr la igualdad plena por distintas razones, tanto políticas, sociales, lograr la igualdad total entre el hombre y la mujer. Pero es como la utopía: tenemos que seguir buscando esa igualdad aunque no la encontremos, porque a medida que recorremos el camino vamos jalonando ventajas y reduciendo esa desigualdad.