Informe mensual del ITE: la recuperación se mantiene, pero el consumo se estancó

Como mostramos en el informe anterior, la actividad económica mantiene un sendero de recuperación desde mayo de 2020. Pero se da una particularidad más que interesante: desde principios de año, el consumo medido por el Informe Mensual de Coyuntura (IMC) se estancó e inclusive tuve una caída en marzo, mientras que la inversión medida con el IMI se incrementó a un ritmo mayor.

En este caso, nadie mejor que Kalecki y su famosa frase “los capitalistas ganan lo que gastan, mientras que los trabajadores gastan lo que ganan” para entender lo que está sucediendo. Esto podemos aplicarlo a lo que está sucediendo hoy en la Argentina, ya que la crisis del Covid-19 empeoró la distribución funcional del ingreso en detrimento de la remuneración del trabajo asalariado y, por ende, afectó el consumo de la población. Sin embargo, la actividad se ha sostenido por un incremento del excedente bruto de explotación que se traslada en mayores inversiones. Al mismo tiempo, este sector tiene un efecto riqueza positivo producto de una revaluación de sus activos dolarizados y el ahorro forzoso realizado en pandemia que se traduce en un consumo de bienes durables.

Profundizando en el tema salarios, la remuneración promedio de las y los trabajadores registrados y estables le empató –muy pequeña mejora real- a la inflación en el primer trimestre. A la fecha, la mayoría de las paritarias cerró con acuerdos en torno a la pauta oficial: entre un 30% y un 36% de aumento en tramos, de manera tal que superaron la meta de inflación del presupuesto 2021 (29%).  Pero dado que la evolución del IPC en los primeros meses ha estado por encima de lo previsto, la posibilidad de que el salario real crezca quedará supeditada a las cláusulas de revisión incluidas en la mayor parte de las paritarias para el último trimestre del año.

En materia de precios, durante abril la inflación fue más baja que en marzo, ubicándose en 4,1% mensual, aunque todavía por encima de lo que los analistas vienen previendo en el REM del Banco Central de la República Argentina (BCRA).  Si bien para mayo se espera una nueva desaceleración, la evolución del nivel de precios doméstico fue dominante en las últimas semanas, dado que su aceleración es uno de los principales determinantes de la caída del poder adquisitivo de buena parte de la población.

Asimismo, las compras netas de divisas por parte del BCRA, junto con el desarme de la posición en futuros, le permitieron a la autoridad monetaria desacelerar visiblemente la tasa de devaluación del tipo de cambio oficial sin abandonar su posición compradora en el MULC, principal eje de la política antinflacionaria del gobierno.

Lo expresado en los párrafos anteriores, junto con la posibilidad de que un menor nivel de actividad en el segundo trimestre del año modere el ritmo de aumento de los precios, abre la posibilidad de que el debate inflacionario pierda fuerza en los próximos meses.

De todos modos, eso no es garantía de que se mantenga la estabilidad cambiaria y financiera, dado que a partir de junio de este año Argentina entra en período de gracia con el Club de Paris y los plazos para renegociar un acuerdo con el FMI se acortan -con vencimientos en septiembre y diciembre con el organismo-. Además, a partir de julio el país ingresa en modo electoral, en virtud de la fecha límite para la definición de las listas y el inicio de las campañas.

Eso abre el interrogante de cuál debería ser el rol de la política monetaria. La situación de la economía real todavía no es sólida, ya que existe mucha heterogeneidad en el crecimiento y la sensibilidad del capital de trabajo de las empresas a los episodios que interrumpen la movilidad es incierta, haciendo que el canal de crédito de la política monetaria pueda ser altamente nocivo. Lo más probable es que el BCRA utilice el poder de fuego acumulado en estos meses para intervenir en los distintos frentes cambiarios e intente reservar cualquier suba de la tasa de interés para situaciones de disrupción financiera extremas, como las producidas en septiembre de 2020.

Por último, en materia fiscal los primeros cuatro meses del año dejaron por resultado un ligero desequilibrio de solo -0,2% del PIB en el resultado primario. Parado sobre este escenario, que se destaca por ser el de menor déficit de los últimos cinco años, el gobierno anunció un nuevo paquete de medidas de asistencia para mitigar los efectos de la segunda ola de contagios.

En total, todo el paquete de medidas implica un gasto adicional de $480.000 millones, equivalente a 1,3% del PIB, el cual según el gobierno será financiado con los mayores ingresos explicado por el Aporte Extraordinario en las Grandes Fortunas. Sin embargo, ese ingreso solo alcanzará para financiar de forma parcial las medidas, dado que al momento se recaudaron $223.000 millones de los $307.000 millones que se esperaban recaudar. La diferencia de $257.000 millones (0,7% del PIB) implicará un rojo adicional para el déficit primario de este año. De este modo, revisamos al alza nuestra proyección del déficit primario para 2021 a 5,1% del PBI (- $1.893 MM).

 

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